Es curioso como no solemos pararnos a pensar lo importante que es el tema de la contaminación luminica en nuestros cielos.
Cómo estamos perdiendo la capacidad y posibilidad de mirar a las estrellas y ver aunque sea una. Es dificil en nuestro pais perderse una noche en la inmensidad del firmamento y dejarse llevar por la magia que desprenden, y, ¡es dificil porque no las vemos!
Del relato de una aventura apasionante de mi prima Maria en tierras peruanas, donde su propio trabajo y el entorno deberian ocupar toda la conversación sorprendió su asombro y devoción ante la noche cerrada en la selva, la maravilla de encender una linterna desde las 10 de la noche como única arma visual y la contemplación del cielo, siempre arriba pero nunca antes como ese. Algo que yo solo puedo imaginar o recordar cuando en el campo aún se veian las estrellas.
En suelo patrio solo podemos verlo en diferido en el planetario, y en determinados puntos que nuestra orografia nos permita por ser llanos perdidos o puertos de montaña si no te toca una noche con bruma o luna llena. La contaminancion luminica no solo deja sin visibilidad nuestros cielos arrancándoles toda su ciencia y magia, si no que presenta un derroche de electricidad innecesario causando diversos efectos primero en nuestros bolsillos y después sobre el medio ambiente. La electricidad se consige en parte tras la quema de combustible fósil, que entre otros efectos negativos supone la emisión de CO2 y su consecuente efecto en el cambio climático. Por si esto fuera poco mucha luz provoca que se estén extinguiendo determinadas especies como las luciérnagas, atrae plagas urbanas como los mosquitos e incluso alteran nuestro sueño por una iluminación pública excesiva. Yo recuerdo haber tenido que bajar las persianas a acal y canto porque la farola de enfrente proyectaba su luz sobre mi cara, luz y sonido=noche sin dormir=mal despertar.
No hace falta observar un satélite para ver una imagen de nuestras ciudades iluminadas por la noche. Si alguna vez has cogido un avión que se aproxima a aterrizar sobre el aeropuerto de Barajas podras comprobar que desde antes de llegar a la provincia de Madrid tras la ventanilla puedes observar como el suelo se convierte en otra bóveda celeste particular, con sus lineas y puntos de las luces de los edificios de ciudades y fábricas y farolas de carretera.
Simplemente mira por la ventana cualquier noche y piensa que ves y que podrias estar viendo.
Sería una gran tarea la de la replantearnos en serio por nuestra propia economia, el medio ambiente y la propia ciencia como podemos hacer que nuestros hijos sepan lo que es una luciernaga sin tener que recurrir a los dibujos animados.

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